Siendo bebé, Saartje fue vendida : La habitante de Flandes Occidental con raíces chilenas lucha contra la adopción ilegal.

Siendo bebé, Saartje fue vendida : La habitante de Flandes Occidental con raíces chilenas lucha contra la adopción ilegal.

Saartje Verhoest llegó a nuestro país proveniente desde Chile el 3 de Noviembre. Con pocos meses de vida, fue robada a su madre biológica y puesta en el circuito de las adopciones ilegales.©JOKE COUVREUR

Saartje Verhoest (38 años) nació en Chile y tras su adopción, creció en un cálido hogar en la zona rural de Dadizele. Sólo hace unos años descubrió que había llegado a Bélgica de forma ilegal. “Fui robada desde la casa de mi madre”, cuenta ella. Hoy, con su ONG Chilean Adoptees Worldwide, ayuda a otras víctimas y lucha por su reconocimiento.

El diputado federal Michel De Maegd (MR) presentará una propuesta de moción para reconocer la existencia de adopciones ilegales en nuestro país. Quiere conceder a las personas implicadas el estatuto de víctima e iniciar una investigación sobre el asunto. Desde 1950, cientos de niños han sido víctimas de adopciones ilegales y llegaron bajo estas condiciones en nuestro país.

Niños de Sri Lanka, India, Guatemala y Chile son las principales víctimas, algo que también le ocurrió a Saartje Verhoest (38). Nació como Jessica Karina Pincheira en la ciudad chilena de Concepción, pero creció 12.235 kilómetros hacia el este, en el barrio de Moorsleed, en Dadizele. “Me adoptaron Gaston Verhoest y Veerle Van Damme, dos personas encantadoras que también acogieron bajo su regazo, a mi hermano Jan (39 años), también chileno. Llegué a Bélgica el 3 de noviembre, ocho meses después de mi nacimiento”, abre su relato Saartje, que es profesora de De Lovie y sigue viviendo en Daisel con su pareja Jonathan Allaert (42) y sus dos hijos Elena (12) y Elias (6).

Cuando mi madre vino a buscarme a la maternidad, yo había desaparecido.

Sólo hace unos años descubrió la verdad sobre su adopción. “Mis padres me dieron todas las oportunidades aquí”, destaca Saartje. “Pude estudiar, me dieron los valores y las normas adecuadas para desarrollarme. Se los agradezco de todo corazón. Siempre hablaron muy abiertamente del hecho de que fuera adoptada. De pequeña, me dijeron que mi madre biológica en Chile no podía cuidar bien de mí y que por eso había venido a Bélgica en avión. No me hice muchas preguntas al respecto y hasta la adolescencia no surgió ningun problema de identidad. Pero no fue hasta después de la muerte de mi mamá en 2016 que comencé a buscar activamente mi pasado chileno.”

Hermano encontrado

A través de las redes sociales y de grupos especializados en adopción, hizo un llamado para ver si alguien conocía a su madre biológica Julia Patricia Pincheira. “A finales de 2017, de repente apareció alguien que decía ser su hijo. Allí estaba yo, sentada en la mesa de mi cocina. Grité fuerte de pura emoción, porque de la nada había encontrado a mi hermano. Pero también sospeché un poco. Podía ser fácilmente alguien que quisiera estafarme. Pero cuantos más detalles daba, más me convencía. Henry Sánchez era realmente mi hermano.

Saartje Verhoest, junto a su hermano chileno Henry Sánchez y su madre Julia Patricia Pincheira, en marzo de 2019. Fue entonces cuando vio a su familia biológica por primera vez. © Alejandro Quezada

En los meses siguientes establecieron un intenso contacto vía WhatsApp y en una de esas conversaciones Saartje se enteró de que había sido secuestrada en 1983. “No podía creer lo que estaba escuchando. La historia que había creído todos esos años no era más que una mentira. No me malinterpreten: mis padres belgas pasaron en ese entonces a través de una agencia de adopción privada y lo hicieron todo con total confianza. No puedo ni quiero culparles. Incluso cuando le conté a mi padre la historia completa, se quedó tan sorprendido como yo. Desde entonces, papá Gastón falleció, al igual que mamá Veerle, de cáncer.

Tráfico de niños

El camino que trajo Saartje a nuestro país es, cuando menos, escalofriante. “Cuando mi madre me dio a luz, me puso inmediatamente su apellido. Pero a principios de los ochenta, las mujeres tenían que volver a trabajar sólo tres días después de dar a luz. La esposa de su jefe quería hacerse cargo de mí, pero había que rellenar un documento en el hospital. Dicho tramite no podía hacerse inmediatamente, así que mi madre tuvo que dejarme en el hospital. Cuando vino a buscarme esa noche, junto con mi hermanito, había desaparecido. Una trabajadora social me había entregado a una organización ilegal que ofrecía niños chilenos en adopción. Mi madre debió ausentarse unos instantes y me vendieron. Un puro y vil tráfico de personas. Cuánto pagaron por ella, lo desconoce. “Y no quiero saberlo. Lo que es seguro es que el dinero nunca llegó a mi madre, sino que desapareció en los bolsillos de gente deshonesta. Calculamos que por cada niño adoptado ganaban entre 7.000 y 15.000 dólares”.

Saartje al llegar a nuestro país.© GF

Se estima que más de 20.000 niños chilenos fueron robados entre 1960 y 2004 y adoptados ilegalmente principalmente en Europa Occidental. “Es un verdadero escándalo, como una infección cada vez más expuesta. Junto con dos chilenos que fueron adoptados de pequeños por holandeses, fundé hace unos años la ONG Chilean Adoptees Worldwide. Queremos crear una plataforma para ayudar a nuestros compañeros de infortunio. Hemos recopilado mucha información, hemos creado una sólida red en Chile y también estamos luchando por que se admita lo que nos sucedió. En Chile, se inició una investigación penal sobre el robo de niños en 2018. Tenemos que acabar con estas prácticas ilegales. Aún en muchos otros países, niños siguen siendo ofrecidos como mercancía.”

Reencuentro en agosto

Saartje se reunió por primera vez con su familia chilena en marzo de 2019. “Uno de los momentos más emotivos de mi vida”, dice. “Desde entonces, nos enviamos mensajes semanales, nos llamamos para desearnos feliz cumpleaños y aprendo español desde hace tres años. Incluso, en agosto, mi madre biológica, mi hermano, su mujer y sus dos hijos viajarán a Dadizele, algo que me hace mucha ilusión”.

Saartje no se pregunta cómo habría sido su vida si hubiera crecido en Chile. “Eso no serviría de nada. En todo caso, también habría crecido con una familia cariñosa y habría tenido todas las oportunidades. Pero mi vida está aquí, en Bélgica, en Flandes Occidental. Pero ciertamente mi familia chilena está en lo más profundo de mi corazón”.